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Disputas en el Mercosur: qué es lo que está en juego



Las recientes diferencias que manifestaron los presidentes de la Argentina –Alberto Fernández- y de Uruguay –Luis Lacalle Pou- en torno a la posibilidad de flexibilizar algunos aspectos del Mercosur y su marco regulatorio, forman parte de una discusión sobre los resultados y el horizonte futuro. No se trata de un mero desacuerdo político coyuntural, sino de diferentes miradas sobre el perfil integral del bloque.

Creado en el año 1991 con un espíritu de integración regional, el Mercosur acompañó en su momento la tendencia hacia la globalización y la ampliación de mercados.


En aquel entonces el comercio internacional acaparaba casi el 40% del PBI mundial, y actualmente se lleva el 60%.

Por otro lado al fundarse el Mercosur existía un total de cincuenta acuerdos comerciales internacionales; en nuestros días ya existen trescientos, en un contexto en que además los pactos no solo se plantean entre naciones, sino también entre bloques enteros.


Potencial indudable

El potencial del Mercosur es indudable: tiene enormes capacidades productivas tanto en el rubro agroalimentario como en la minería, por ejemplo. No obstante, en los hechos su performance y su peso específico tiende a decrecer: su participación en la naciente economía del conocimiento es escasa, la inversión extranjera que llega es limitada y los resultados comerciales disminuyen.


Por otra parte el intercambio entre las naciones que integran el bloque y el resto de los países de mundo es muy reducido: de hecho la participación del comercio internacional en el PBI del Mercosur es la más baja entre todos los bloques existentes. Esto en parte se explica por el hecho de que las mercaderías del Mercosur abonan aranceles externos que en promedio son 50% más altos que los países competidores para acceder a terceros mercados, debido a la falta de acuerdos con esos lugares de destino.

Hasta hace diez años el comercio entre los socios del bloque evidenciaba ciertos avances. Pero a partir de entonces pasó a estancarse y disminuir. Por ejemplo en nuestros días la Argentina exporta a los restantes países del Mercosur la mitad de lo que vendía hace una década.

Este contexto general hizo que Brasil y Uruguay demanden procesos de flexibilización y una apertura internacionalista para poder propiciar la inserción de su tejido empresario en distintos mercados. Concretamente quieren que se reduzca el arancel externo común y que el bloque promueva pactos de apertura recíproca con diferentes naciones y bloques. Además buscan que algunos países puedan celebrar pactos económicos internacionales de manera individual.


Tiempos de disrupción


Vivimos tiempos de disrupción tecnológica y de una nueva economía digital en los que el comercio internacional tiende a centrarse en la conformación de ecosistemas de empresas que tejen redes de creación de valor, donde los intercambios ya no se centran necesariamente en los bienes sino que brindan más protagonismo a los servicios, la inversión externa y el financiamiento internacional, en un marco en el que los distintos países acrecientan la diferenciación de sus perfiles productivos.


En tal escenario, el Mercosur funciona con un esquema de unión aduanera bastante rígido que exige que la política arancelaria se establezca de manera unánime. En el caso del resto de los acuerdos comerciales internacionales que hoy tienen vigencia en el mundo, en cambio, los miembros suelen gozar de más autonomía.


Si por un lado el Mercosur perdió el tranco de algunos cambios productivos acaecidos a nivel mundial, en lo institucional no generó un esquema que permita solucionar controversias internas y tampoco ideó una estrategia común frente a los cambios que se observan.


En tal contexto es que se perfilan las diferencias entre los países miembros del Mercosur. Más allá de las diferentes posiciones ideológicas de los gobiernos, lo que está en la base es una necesidad de repensar el rol estratégico del bloque.

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