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El comercio exterior argentino en su laberinto



Los trámites cada vez más complejos traban las actividades de importación, pero también complican a los exportadores.



La realidad evidencia que el BCRA plantea regulaciones cada vez más estrictas para el comercio exterior argentino, que además se modifican de manera recurrente, en un escenario en el que rigen múltiples tipos de cambio y en el que las actividades de importación se administran mediante las LNA (licencias no automáticas).


En este contexto el dólar soja vino a sumar un condimento creativo para el problema de la falta de divisas que padece el país. Junto con ello se plantearon las categorías A, B y C para las SIMIs y se planteó un nuevo SIRA para controlar las importaciones.


La suma de nuevas normativas y su condición cada vez más compleja incrementa la incertidumbre. Esto a su vez conduce a una mayor concentración de los operadores, que buscan obtener tipos de cambio diferenciales.


Pero toda esta trama burocrática no solo afecta a la importación, ya que aquellas exportaciones que no tienen un tipo de cambio diferencial tampoco encuentran estímulos. Y tampoco se favorece el surgimiento de nuevos operadores del lado de la exportación.


Trámites complejos


Hoy los importadores deben registrar sus solicitudes en la ventanilla única de comercio exterior y los distintos organismos del Estado analizan caso por caso y luego autorizan (o no) la operación.


En este marco la Secretaría de Comercio y la AFIP evalúan temas como la existencia de sumarios previos, el eventual abuso de medidas cautelares, el acceso a programas de acuerdo de precios y la solvencia financiera y económica.


Demoras en el acceso


Por otra parte, al determinar cuándo se podrá acceder al mercado de cambios para abonar cada solicitud efectuada en el SIMI, el BCRA se integró de hecho en el mecanismo operativo de las importaciones. En la actualidad el SIRA informa una fecha, que en el 90% de los casos plantea plazos superiores a los solicitados por los importadores. Además esta fecha puede ser muy variable: desde unas pocas semanas posteriores a la aprobación, hasta unos siete meses o más.


Para abonar servicios prestados en el extranjero hoy los operadores encuentran inconvenientes similares. Y a esto se suma la reducción del límite para despacho de mercaderías a plaza vía couriers (que pasó de U$S 3 mil a U$S 1 mil por cada vuelo y envío, aunque luego esta limitación se aflojó para operaciones de micro, pequeñas o medianas empresas).


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