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El comercio exterior argentino y su carga impositiva agobiante




Los datos positivos de la balanza comercial en realidad ocultan una realidad insoslayable: la caída tanto de las exportaciones como de las importaciones, medidas en dólares.




Durante la última década el comercio exterior argentino evidenció siete años de superávit comercial, y tres de déficit. La balanza comercial negativa se presentó en los años de mayor apertura económica: 2015, 2017 y 2018. No obstante, el superávit comercial tampoco fue necesariamente una buena noticia, ya que en gran medida se generó a partir de restricciones a las importaciones.


La economía argentina, signada por las continuas crisis cambiarias, suele experimentar ciclos de crecimiento con incremento de las exportaciones, que a continuación son seguidos por otros de falta de divisas para hacer frente a la suba de las importaciones que se plantea como producto de las mayores ventas al exterior.


Para dinamizar la economía nacional –y luego poder exportar más- es necesario importar. En algún momento habrá que presentarle al FMI un programa económico, a sabiendas que este organismo exige que las exportaciones superen a las importaciones -es decir, que haya una balanza comercial positiva-. Pero bajo el actual esquema cambiario los exportadores reciben un valor de dólar que es menor al del mercado paralelo (que es el que impacta en sus costos internos). Este contexto, sumado a algunos cierres decididos por el Estado para ordenar situaciones, tiende a desalentar las exportaciones.


Si nos remitimos a los datos del INDEC en 2010 las exportaciones argentinas superaron los U$S 68 mil millones, en tanto que en 2020 no llegaron a los U$S 55 mil. El año pasado las exportaciones de productos primarios se ubicaron en segundo lugar, por delante de las de origen industrial y por detrás de los bienes manufacturados agropecuarios. En cambio en todo el resto de la década los productos primarios fueron superados por los bienes manufacturados agropecuarios y los industriales. Esto indica que el problema de nuestro país no es necesariamente la fuerte presencia de alimentos en su oferta exportadora, contrariamente a lo que muchas veces suele decirse.


Por el lado de las importaciones las estadísticas indican que en 2010 Argentina importó casi U$S 57 mil millones, en tanto que en 2020 apenas superó los U$S 42 mil millones.

Requisitos formales


Para operar en comercio exterior en Argentina hay que cumplir con una serie de obligaciones formales. Uno de los requisitos iniciales es inscribirse en el Registro de Importadores y Exportadores que gestiona AFIP.


Para inscribirse en la Aduana las personas físicas y jurídicas deben responder a ciertas pautas, como tener capacidad para ejercer el comercio, estar inscriptos en AFIP y tener CUIT y domicilio fiscal, contar con solvencia económica o en su defecto otorgar una garantía a favor de la Dirección General de Aduanas. Las sociedades además tienen que estar inscriptas en la Inspección de Justicia.


Los contribuyentes del Régimen Simplificado también pueden exportar, aunque únicamente pueden importar insumos. Por otra parte las UTES, consorcios de cooperación y fideicomisos puedan actuar como exportadores e importadores siguiendo una serie de pautas definidas por la AFIP.


En la práctica en nuestro país no es factible importar por cuenta y orden de terceros, ya que la primera venta de un producto que se trae de algún mercado externo tendrá que facturarse como si se tratara de una operación del mercado interno. En cambio sí es factible exportar por cuenta y orden de terceros: en tal caso el agente exportador debe hacer las veces de consignatario y rendirle la operación al dueño de la mercadería (comitente). En tales casos, tanto los trámites como la facturación al cliente del exterior deberán correr por cuenta del intermediario.


Aspectos impositivos


Los exportadores deben emitir facturas electrónicas tipo “E”. En el caso de ventas externas de bienes y servicios no se factura el IVA pero se abona el impuesto a las ganancias y por lo común no se paga ingresos brutos. En estos casos se puede requerir el reintegro de los créditos fiscales del IVA que dan lugar a un saldo a favor derivado de las compras de los bienes y por los servicios incorporados a las ventas externas.


Actualmente las exportaciones tienen diferentes alícuotas a nivel de las retenciones: la mayor es la que corresponde a la soja (33%), en tanto que la de servicios es del 5% (en este último caso, las micro y pequeñas empresas que no hayan superado los U$S 600 mil en ventas externas el año anterior quedan exceptuadas de las retenciones).


En lo tocante a las importaciones de bienes y servicios la Aduana retiene el IVA técnico que corresponda (21% ó 10,50%) dependiendo del tipo de bien importado, más las tasas de percepción (20% ó 10%) para aquellos casos con alícuota reducida. Además percibe un 6% del impuesto a las ganancias. Y de acuerdo al tipo de mercadería importada se deben abonar impuestos internos, además de ingresos brutos (cuya tasa varía en función de la jurisdicción). Adicionalmente la tasa de estadística ascendió hace poco al 3%, con topes en función de una escala progresiva.

Por otro lado cuando se importan servicios es necesario ingresar el IVA, que luego se podrá computar como crédito fiscal técnico.


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